Muchas veces dejamos de
creer en los sueños, por una simple razón llamada miedo. Miedo a dejarnos
vencer por la vaguedad y a su modo de decirnos “no puedes”, sin saber que para
poder avanzar una casilla debes saber destapar el cartel para encontrarte con
un “tu puedes”. Al fin y al cabo es como una pegatina, no se trata de pegarla
en otro sitio u otra persona, sino de despegarla de tu casilla y arrugarla
hasta que esta pierda su pegamento. Porque de eso mismo trata la vida. De
personas que saben encontrar esa pegatina, y otras que creen que el pegamento
es para siempre y que es prácticamente imposible despegarla. ¿No os habéis
preguntado el por qué de la vida? ¿El por qué de que a veces te sonríe y otras
te da la cara? Como si jugara contigo a su antojo. Pero no, tu no eres de esas
fichas que a veces se elige y otras queda guardada en la caja. Y la vida
tampoco pretende jugar contigo. Solo quiere hacerte fuerte. Y puede que te
ponga un obstáculo mil veces con la finalidad de que alguna vez puedas
saltarlo, por muy bajito que seas o por muy cortas que tengas tus piernas. Hay
una cosa llamada sueños, que se encuentra en un rincón de tu cuarto, junto a
tus muñecos viejos, aviones tele dirigidos, Barbie y pelotas de fútbol. En esa
cajita vieja que de seguro contiene más polvo que objetos y que aunque no lo
creas ahí se encuentra la clave. ¿Qué clave? No es ninguna combinación, o serie
de números, tampoco es un acertijo. Bueno, la vida es un acertijo, pero solo tú
y únicamente tú eres la clave para descifrarlo. ¡Que no te ayude nadie! Porque
por mucho que quieras, no te va a servir de nada, absolutamente nada. Entonces debes mirar hacia un futuro, y dejar atrás ese “no puedo”. Porque solo
existe un carril y no caben las dos frases. No eres infantil por marcar retos
en tu vida, por pantarle cara a los problemas, por soñar con tu vida, y por
hacer que tu sueños, se hagan realidad.

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